viernes, 16 de marzo de 2012

El género champagne (un guiño a "Contigo todo perfect")

Se dice que el ser humano tiene la innata necesidad de que le cuenten historias. Es por eso que desde el principio de los tiempos han triunfado disciplinas artísticas como la literatura, el cine o el teatro. ¿Pero de dónde nace esta necesidad y por qué nos gusta escuchar relatos que no tienen nada que ver con nuestras vidas?

Esta es una pregunta trampa, pues el espectador/lector no espera recibir una historia ajena a él. En cuanto a este aspecto existe la opinión general y mi opinión personal acerca de qué esperamos cuando vamos al cine o al  teatro o cuando leemos un libro.

La opinión general dice, y es algo en lo que estoy de acuerdo, que el espectador/lector necesita identificarse con los personajes de las historias, y plantearle un desarrollo alternativo (o incluso similar) al desarrollo de un conflicto que perfectamente podría estar viviendo él mismo. Algo así pasa con la música pop, en cuyas letras buscamos sentirnos inmiscuidos en sus historias.

Mi opinión personal no contradice lo anterior, pero va más allá. No sólo es imprescindible la necesidad de identificarse, sino también de hacerle sentir lo que la vida real no le da. La vida no siempre es lo suficientemente apasionante, y aunque en ocasiones la realidad supera a la ficción, en otras la tibieza vital nos requiere una dosis extra de emoción.

Contigo todo perfect es una comedia romántica en formato teatral que cuenta la historia una relación de pareja la cual nos sumerge de forma imperceptible en una historia de amor real, alejándose del clásico cuento de hadas, pero combinándose con el género denominado "champagne", que es aquel que tiene la virtud (o el defecto, según para quien) de embriagarnos con una sensación de bienestar constante y sacarnos de la realidad, con el fin de que el espectador la olvide y pueda creer que la historia que le están contando pueda ser la suya, pues el tono tan naif con el que es narrada le hace sentir incluso envidia de los personajes y al salir del teatro tiene el deseo de que algo similar le ocurra a él.

Para mí el mayor referente del género champagne, y un ejemplo a seguir, es sin duda Amelie. Entraríamos en un debate que abriré en otra entrada si discutimos acerca de hasta qué punto son posibles estas historias tan idílica, y si se puede adoptar esa filosofía tan positivista como una doctrina de vida.

Desde luego para mí es importantísimo hurgar en este género, y si tengo alguna meta como contador de historias, es entremezclar la realidad con el champagne, y ojalá algún día los espectadores al oir THE END en mis historias quieran seguir soñando, porque con o sin la embriaguez de estas burbujas, no deberíamos de dejar de hacerlo nunca.