Hoy me he encontrado uno de los textos que tuve que escribir para poder estudiar Dramaturgia. Ni tiene título ni vale mucho, pero me ha hecho ilusión encontrármelo y he decidido subirlo. Además, fue una de las llaves a la RESAD y eso lo hace muy significativo.
El ejercicio consistía en escribir una escueta escena sobre una noticia que nos proponían. La mía era esta:
Callejón de Barcelona. La escena está desnuda, tan solo
un banco destartalado alumbrado por una luz tenue y algo siniestra. Paseando
con tranquilidad está LARA, una joven de veintidós años con una minifalda, una
camiseta bastante escotada y un bolso que no combinan en absoluto.
LARA: (Para sí misma) Odio hacer huevos fritos. No lo
aguanto. A veces tengo pesadillas en las que estoy frente a la sartén haciendo
la cena a mi hermano, y, cómo no, me toca hacerle dos putos huevos fritos. Es
horroroso. (Saca un cigarro y se lo enciende.) Desde que nací habré
freído unos quinientos huevos, y siempre se me ha roto la yema al echarlos a la
sartén. No sé... a lo mejor es que soy muy bruta, o quizás es que estoy gafada,
pero jamás me ha salido bien un maldito huevo. (Se queda ensimismada y tras
unos segundos mira al público con desdén) Y por eso soy puta. A veces nos
reunimos muchas colegas ahí detrás de la Rambla y hablamos de por qué empezamos
a hacer esto de follar por dinero. Y algunas
dicen que por necesidad, otras que por comodidad; pero yo, aunque
también lo hice por esas cosas, me gusta contar que lo hice porque jamás me
salía un huevo frito con la yema en condiciones. Siempre reventada... (Breve
silencio) Siempre reventadas... (Suspira) Y todas las chicas,
obviamente, me preguntan que cómo es eso, así que me toca contarles que, una
noche, friendo unos huevos a mi hermano con sus yemas reventadas le salté a mi
madre que estaba harta de que los huevos fritos se me rompieran, que los
hiciera ella. Y de mala hostia me mi madre respondió que cuando ganara dinero
que contratase una chacha que los hiciera, y que mientras ella trabajara me
tocaba a mí hacer la cena. (Silencio) Dicen que lo importante es tener
salud, dinero y amor. Como la salud me vino de fábrica no la valoro demasiado,
y en el amor dejé de creer cuando pude conocer de verdad a tantos hombres. Por
eso mi objetivo es el dinero. El dinero y la justicia. ¿Acaso mi hermano no
tiene derecho a comer unos huevos fritos con una yema intacta? (Apaga el
cigarro) Pues eso, mi abuela, que en gloria esté la pobrecita, me decía
siempre que tuviera claro lo que quiero en la vida. Y yo lo tuve y lo sigo
teniendo. Cuando mi madre descubrió a lo que me dedicaba estuvo dos años sin
dirigirme la palabra. Ni cuando estábamos solas en casa me miraba. Pero se
limitó a eso, a no hablarme. Porque no tenía nada que decirme. Porque en
realidad, aunque no lo aprobara, sabía cuáles eran mis objetivos. Y porque ella
tampoco está para recriminar dignidad a nadie. (Breve silencio) A veces
tengo la sensación de que sólo lo hago para rebelarme contra todo, sobre todo
contra los hombres, porque no hay mejor forma de atacarles que desde su cama, y
este es sin duda el trabajo perfecto para hacerlo.
Sale un HOMBRE de unos cincuenta años algo intimidado. Es
poco agraciado y menudo. Se acerca a Lara sin querer llamar la atención
HOMBRE: (Le chista) Morena.
(Lara lo mira) ¿Cuánto?
Silencio.
LARA: ¿Cuánto qué?
HOMBRE: Qué cuanto cobras.
LARA: Anda, que si te viera tu mujer...
HOMBRE: ¿Y quién te dice a ti que estoy casado?
LARA: (Lo mira de arriba a abajo) No hace falta que
me lo diga nadie: panza para fuera y culo para dentro, casado de manual.
HOMBRE: (Riéndose) Toma ya... Espero que seas tan
graciosa como guarra.
LARA: Eso depende.
HOMBRE: ¿De qué?
LARA: Del dinero que me ofrezcas.
HOMBRE: ¿Lo ves? Por mucho que te hagas la tonta al final
sabes a lo que me refería. Todas tenéis un precio.
Lara lo abofetea. El hombre se acaricia la cara, pero no
está enfadado.
LARA: No te pases ni un pelo, barrigón, que te doy.
HOMBRE: ¿Cómo te llamas?
LARA: Lara.
HOMBRE: Me pones mucho, Lara.
LARA: Pues tú a mí no, así que no esperes que te coma la
oreja porque no soy de esas que te mienten para que te sientas mejor. Si tienes
una vida de mierda vete al psicólogo, no de putas. Yo lo único que hago es
follar y cobrar.
HOMBRE: ¿Cuántos años tienes?
LARA: ¿Y eso a ti que más te da?
HOMBRE: Hombre, quiero saber si eres mayor de edad.
LARA: (Respola) Veintidós.
HOMBRE: Qué joven.
LARA: ¿Acaso te importa?
HOMBRE: Aunque no te lo creas es la primera vez que recurro
a las señoritas de compañía. Mi mujer me ha dejado hace poco. Mes y medio.
LARA: Que no me cuentes tu vida.
HOMBRE: La pillé con mi hermano en nuestra cama, abierta de
piernas y gimiendo como nunca la había oído...
LARA: Es el pan de cada día... Cuánta insatisfecha
HOMBRE: Y lo peor no es que te deje, es todo lo que ello
conlleva. Dejas de creer en el amor, en el compromiso...
LARA: (Interrumpiéndolo) Bueno, ¿y qué puedo hacer yo
por ti?
HOMBRE: Darme un motivo para que me vaya contigo y no con
otra.
LARA: ¿Cuánto me pagas?
HOMBRE: Trescientos euros. Por una hora.
LARA: Entonces te diré que durante esa hora volverás a creer
en las mujeres.
HOMBRE: ¿Y después?
LARA: Ese ya no es mi problema.
HOMBRE: Me gustan tus argumentos.
La besa en la boca. Lara inmediatamente lo vuelve a
abofetear.
LARA: No te confundas. Un beso tuyo no es un premio.
Entra un POLICÍA con aires soberbios y se acerca a ellos.
POLICIA: ¿Pasa algo?
HOMBRE: Nada, nada... Estaba aquí con mi hija y...
POLICÍA: ¿Su hija? Venga ya...
El policía saca una libreta.
POLICÍA: DNI por favor, tengo que multarle.
HOMBRE: ¿Cómo? Pero si no estábamos haciendo nada...
POLICÍA: No, claro, ibais a echar un parchís, no te jode. La
prostitución en la calle está prohibida.
HOMBRE: ¿Pero esta chica es puta?
POLICIA: (A Lara) ¿Eres prostituta?
LARA: No.
POLICÍA: Qué simpática. Claro que lo eres, que no es la
primera vez que te veo por aquí trabajando. Son mil euros de multa.
HOMBRE: (Sorprendido) ¿Mil euros? Póngale la multa a
ella, que es la puta.
POLICÍA: La multa es para el cliente.
HOMBRE: Ya le digo que yo no soy ningún putero.
LARA: Di que sí que lo es, que quería follar conmigo.
HOMBRE: Pero Lara...
LARA: Cállate, cabrón.
POLICÍA: Ya está bien. (Sigue rellenando) ¿Quiere
firmar la multa?
HOMBRE: No.
POLICÍA: Muy bien. (A Lara) Y tú, lárgate de aquí.
Lara mira al hombre y
le guiña un ojo.
HOMBRE: Eres una....
LARA: Puta, sí. Y no vas a saber lo bien que se me da.
Lara se va.
HOMBRE: (Gritando) ¡Lagarta! ¡Malnacida! ¡Muerta de
hambre!
POLICÍA: (Imponiendo autoridad) ¡Cállese ya o lo
detengo!
El policía mira hacia la salida por la que se ha marchado
Lara.
POLICÍA: Eso sí, hay que reconocer que la niñata tiene un
polvazo.
El policía se acomoda la entrepierna.
POLICÍA: Buenas noches.
El policía se va.