martes, 23 de diciembre de 2014

Pensar

Pensar
que el frío se ha instalado en la espalda
que las risas ya se escuchan tan lejanas
que las palabras de nuevo dicen nada.

Pensar
que se me va a olvidar lo que tú nunca recordabas
que se irá diluyendo la sangre "amoratonada"
que tus ojos fijos ya me rompen sin las ganas.

Pensar
que la sed desembocará en la prisa por escapar
que la ausencia sigue siendo un niño que duerme sin arropar
que los perfumes también se añoran cuando no están.

Pensar
es desenroscar
la misma realidad
que hoy tampoco me atrevo a abrazar.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo llaman duelo

ROUND 1
Negación.
Ira.
Negociación
Depresión.
Aceptación.

ROUND 2
Negación.
Ira.
Negociación
Depresión.
Aceptación.

ROUND 3
Negación.
Ira.
Negociación
Depresión.
Aceptación.

(...) Y asi hasta el final de los tiempos.

Los psicólogos lo llaman duelo. Yo prefiero llamarlo echar de menos. Porque al fin y al cabo se reduce a eso. A echar de menos, con mayor o menor aguante, de forma más o menos abrumadora; pero al final las cinco fases del duelo se manifiestan en ese sentimiento tan presente en la vida de todo individuo que es la acción del anhelo.


Y sí, hay que asumirlo. Lo que se pierde, se pierde. Pero, parfavar, que nadie nos quite nuestro derecho a echar de menos. Que a nadie se le ocurra dar el inepto consejo de que todo se acaba pasando. Porque no se pasa. Y menos mal. No tiene por qué pasarse. ¿Por qué esa obsesión con querer borrar todo lo que ya no está a nuestro lado? ¿No es lícito convivir con la ausencia? Echar de menos es la corroboración de que existe vida a través del continuum espacio-tiempo. 

Me da igual que se trate de la pérdida de tu madre que la de un rollo de una noche que te ha rechazado. Si has tomado la decisión de añorar de forma consciente y consecuente significa que asumes que la pérdida existe de forma irrevocable y supongo que entristecerse es sano cuando descubres esa realidad; por tanto las fases de negación, ira, negociación, depresión y aceptación se unifican y tan sólo queda la nostalgia sobrellevada. Cada uno como pueda. ¿No suena mucho más sensato que hay que aprender a asumir lo que ya se ha ido? Nadie ha dicho que esto impida mirar hacia adelante. 

Y sí, este texto no es más que un consolador para ahuyentar pesadillas, el cual te hace pensar que ese sentimiento que aflora a menudo y que pocas veces le permitimos que se quede demasiado tiempo no es sino un síntoma de fortaleza, porque lo verdaderamente heroico es llevar a cabo un duelo para no olvidar. Tal vez lo que ya no está no nos sirva para nada, o tal vez nos conforme por completo.

Venga, voy a convertir este blog en un libro de autoayuda:

Yo echo de menos todo lo que perdí. No pasa nada. O sí. Pero es lo que hay.

jueves, 11 de diciembre de 2014

4 + 1 (Versos para dormir)

Embrolla tú entre tus dedos
el hilo de aquellos ecos.
Los míos ya se han ahorcado.

Que la sangre cuando espesa
se aglutina entre las manos.
Mis caricias se agotaron.

Al igual que la pulsión
de la lágrima traidora,
de la verdad asomando.

Y trotan ahora las noches
de polvo bajo las sábanas.
de Poesía y de Teatro.

-

Será que tiempo y distancia
transforman el pez podrido
en suculento pescado.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Pequeña paradoja

no alcancé
la punta de tus codos
la caricia irreemplazable
el coágulo de lágrimas y mocos

¿será que lo que se pierde se pierde?
será que nunca lo tuve
para ti te lo guardaste
para otro ladrón sin guantes

abre las manos, me digo
que los cuervos salgan volando
o llorando

o que se desangren
o se desinflen
o contra el cielo se estampen

abre las manos, me digo
que los cuervos salgan volando

y al abrirlas sueño
¿lo habré soñado?

ningún ave anidó en mi manos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

El arquetipo del príncipe azul

¿Conocéis ese tópico que dicen los amantes cursis de "llevo toda la vida soñando contigo"? Bueno, pues pese al riesgo de que muchos dejéis de leer en este instante he de reconocer que a mí me ha ocurrido y me sigue ocurriendo. Desde bien pequeño existe un personaje que se cuela periódicamente en mis sueños.

Este personaje varía en cuanto forma y contenido, en cuanto a carácter y personalidad. Todo en sí puede transformarse. Sin embargo yo siempre sé que es él. Lo único que mantiene en todos los sueños es su forma de varón y su transparencia al relacionarse conmigo. Es curioso porque siempre nos pasamos hablando toda la noche y en ningún momento ni me miente ni me oculta nada. Mi intuición me lo susurra. No hay subtexto, ni miedo, ni necesidad de protegerse de mí. La experiencia llega a resultar incluso perturbadora. Él es realmente demasiado encantador, y en mis tripas se despierta algo así como un sentimiento de tranquilidad y esperanza. A veces no sólo hablamos, eso depende del estado de mi psique. A veces preferimos dejarnos llevar.

Por eso, nada más despertarme, durante unos segundos, le echo de menos de forma desgarradora. Confieso que he llegado incluso a llorar. Nunca he soportado echar de menos.

Supongo que suena estúpido eso de añorar algo que no existe (quizás no tanto), sin embargo esto me ocurre desde muy pequeño. Él ha crecido conmigo. Cuando era niño yo le veía como a un hermanito. Después se convirtió en un amante. Por último, en un enemigo.

Hace aproximadamente un año decidí ponerle nombre a este extraño (o no tan extraño) personaje. Como sólo varía su aspecto y no su esencia lo identifiqué como un arquetipo. Sí, lo cierto es que percibo que ha ido apareciéndose durante toda mi vida por alguna razón cósmica, pues lo más interesante de este ente es que se nutre de las carencias de las gente de mi alrededor, especialmente de aquellas que entretejen el bordado de mi parte afectiva y sentimental. Esto además le da la terrorífica cualidad de potenciar todo lo que yo echo en falta en las personas importantes que hay en  mi vida.

Por otro lado también sospeché que este ser, por sus cualidades, podría tratarse de una suerte de príncipe azul. Todo esto me llevó a pensar en si esta figura del imaginario colectivo es verdaderamente un arquetipo o un estereotipo. En cualquier caso el apodo de príncipe azul me pareció muy acertado.

Hace tiempo que intento enfrentarme a él. El arquetipo del príncipe azul me ha estado acosando durante los últimos meses, noche sí, noche también. Yo le ignoro. Prefiero vivir en el mundo real, resignándome y aceptando que no todo puede ser como yo quiero que sea, pero él siempre logra seducirme. Por desgracia conoce bien mis anhelos y frustraciones.

En el último sueño apareció en forma de mendigo, durmiendo en un callejón hediondo sobre un colchón plagado de mugre. Yo me tumbé a su lado sin poder verle la cara aún, pensando, por alguna razón que aún no entiendo, que allí yacía otra persona. Pero en cuanto lo vi no tuve ninguna duda: era él. Estaba bastante mayor para lo que me tiene acostumbrado, muy sucio y abandonado; no obstante mantenía ese magnetismo peligroso. Además tenía unos ojos azules muy brillantes. Me causaba una mezcla entre atracción y rechazo, aunque yo en ese momento me negase a admitirlo. Él trataba de abrazarme pero yo le rechazaba empujándole.

Conseguí librarme de él hasta hoy.

Esta noche tengo miedo. Temo que vuelve a aparecerse de nuevo. De alguna forma intuyo que el arquetipo del príncipe azul esta vez podría apoderarse de mí para siempre.