martes, 23 de septiembre de 2014

Antagonistas

"A: Me estoy equivocando.
B: En absoluto. Creo que nunca has estado tan cerca de la felicidad como lo estás ahora.
A: ¿Felicidad? ¿A esto le llamas ser feliz?
B: ¿Y por qué no?
A: Tiene que haber algo más...
B: ¿Y eso qué importa? En caso de que existiera algo más es evidente que ahora mismo tú no lo tienes...
A: No necesito tenerlo, necesito saber que existe.
B: Vale, ¿pero quién dice que exista?
A: Me siento vacío.
B: Piensas demasiado.
A: Y tú demasiado poco. No te soporto.
B: Ni yo a ti, y sin embargo aquí estamos.
A: Seguro que es por alguna razón.
B: O no. ¿Por qué tienes que ver cosas donde no las hay?
A: No es que vea cosas donde no las hay, es que veo cosas que tú no puedes ver.
B: A eso se le llama demencia.
A: Llámame demente entonces.
B: Eres como un crío. ¿No te das cuenta de que necesitas sentirte especial porque en realidad no sabes adaptarte a nadie? Ser raro es demasiado fácil.
A: El amor es demencia.
B: Ya estamos.... Eso es a lo que te referías desde el principio, ¿no?
A: Todos los caminos llevan a Roma, y si no lee Roma al revés.
B: Buen jueguecito de palabras. Tu camino te llevará a un despeñadero, ya lo verás.
A: Lo sé. Lo importante es que me atrevo a hacerlo solo.
B: Lo importante es hacerlo, qué importa lo demás.
(A abofetea a B)
A: Te lo has ganado. Y ahora acompáñame, tengo sueño. Y ni se te ocurra largarte, que no soporto dormir sin ti."

"Esto" (¿cómo calificarlo?) me lo he encontrado por casualidad entre mis cosas mientras buscaba "lo que duele". Me hace gracia porque cumple hoy exactamente cinco años (¡CHAN CHAN!). Y aunque ya "no duela", me alegro de haberlo encontrado.

martes, 16 de septiembre de 2014

Arcadia

llegué a Arcadia
llega la noche
llegas tú
apagas la luna
fundes las estrellas
una por una
pellizcándolas con delicadeza
cortas la hierba en la que yazgo
cierro los ojos
envenenas el agua de aquel riachuelo
todos mis peces mueren
asfixiados
yo aún respiro
el aire cambia
cambia por ti
no sé cuanto aguantaré
Arcadia agoniza
pero nadie le llora
te tumbas a mi lado
te aspiro por última vez
me abrazas con ternura

y me dejo morir.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Carta de un viejo escritor a lo que más ha querido

Necesito escribir porque es el único vehículo que me lleva al Paraíso sin la necesidad de morir. Cuando era joven lo empleaba como un medio para poder evadirme de mi triste realidad, sin embargo ahora que los frutos se han colorado mi literatura ha pasado a ser algo así como un bálsamo para el alma.

Necesito proteger mis letras, porque es lo más puro y valioso que poseo. Es mi arte. Soy un artista, la unidad de élite de la humanidad. He nacido para encender una vela en medio de esta oscura y confusa existencia. Este es mi mayor patrimonio, este saco lleno de ideas y sueños, de ilusiones y secretos.

Necesito expresarme, pues el mundo tiene derecho a sentir un poquito de calor. El aire es frío y la lluvia hiela los huesos. Mi arte tiene que ser como esos abrazos que no nos dimos, en mitad de esas noches de tormentas que no pasé a tu lado.

Y, sobre todo, necesito comunicar. Pensé que lo hacía con mi pluma, hasta que apareciste tú. Supongo que la belleza te cegó y no pudiste sumergirte en este océano brillante. Cuando yo leo a otro escritor siento que quiero abarcar toda su filosofía, su agua viva que mantiene encendida mi sed. Mi destino es leer para comprender. Pero casi nunca lo consigo.

Por eso a ti no te amé. Porque no te comprendí. Tampoco tú no me comprendiste a mí. Mientras yo admiraba la luna llena tú te entretenías jugueteando con la hierba del parque. Mientras yo contaba estrellas tú te fijabas en los viejecitos mientras paseaban. No encontraste el oro de mi corazón. Ambos perdimos la batalla.

Aún así esta historia sangra fresca en mis manos. No te olvidé. No te olvido. Y como no sé hacer otra cosa, escribo. Escribo para olvidar, no para recordar.

 ¿Quién era yo? ¿Quién eras tú? ¿Qué más da? ¿Acaso importa? Tal vez yo fui “yo”, y tú fuiste “tú”, pero nunca fuimos “nosotros”. Tú formarás tu binomio con algún infeliz que se cruce en tu camino. Yo encontraré a quien aprenda a verme y no solo a mirarme. Hasta entonces, te escribiré cada noche, aunque ninguno de los entendamos por qué lo hago. ¿De verdad es tan importante entender? Quién sabe, tal vez la respuesta te la quedaste tú. Y ni siquiera lo sepas.