Y busco.
Y nada.
Y busco.
Y nada.
Y busco.
Imposible.
Ni un trocito de corazón libre
en el que hacer otro nudo.
jueves, 26 de febrero de 2015
lunes, 23 de febrero de 2015
Terapia desde lo cursi
Y si
empiezas esta carta diciéndole, por ejemplo, que a veces se abre una fisura en tu
espalda. Que ya no está él para echar vinagre en ella, pero que escuece igual.
Si por un momento te permites romperte y le dices que no quieres a otro como
él, ni otra historia como la que tuviste con él. Si le dices que lo quieres a
él. Y punto. Y lo quieres como a esos zapatos de domingo, que te destrozan los
pies, pero que no puedes evitar que te encanten. Tú te sientes cómodo con ellos. Hasta que te los
quitas y las empollas te abrasan.
Plantéatelo.
Llámalo y dile que quieres verlo. Que tienes frío por las noches. Que duermes
mejor sin él, pero que echas de menos que te despierte cada media hora. Que
ahora descansas, pero que cuando te despiertas la cama huele bien, y lloras un poco porque
él no va a volver del baño. Y porque no le oyes cantar así de mal. Y porque ya no sube las
persianas sin considerar que tú aún estás dormido. Ármate de valor. Repróchaselo
aunque sea. Que echas de menos todas sus mierdas. Que todo lo que odiabas de él esta noche lo necesitas.
¿Para qué hacerse el duro? Si él sabe que no lo eres. Sabe que te derrites al primer
tembleque. Sabe cómo hacerte temblar, y lo va a conseguir. Lo va a conseguir.
Hay personas, pocas por fortuna, que tienen el don de colarse por tus fibras
más frágiles. Y arañan. Y muerden. Y te sientes vivo porque sientes que te están matando. Que te estás matando.
A lo
mejor la vida sólo es vida cuando ésta corre peligro.
Buenas
noches.
Es casi
seguro que lo peor de todo es que saber que tú también me echas de menos ha sido todo un
alivio.
miércoles, 4 de febrero de 2015
Ya sabía el final
Pues
estoy enfadado.
Estoy
enfadado porque hay luna llena.
Hay
luna llena todos los meses, y esta es igual que todas. Se me demuestra cómo
todo se repite continuamente.
Se
repite continuamente, tal vez, porque yo no hago nada para cambiarlo.
Pero yo
no hago nada para cambiarlo por qué no sé qué hacer. Debo de estar paralizado.
Se está paralizado por una simple razón: el miedo.
El miedo
proviene de un mecanismo de defensa que "evita" hacernos más daño.
Me hago
daño cuando descubro que soy como Sísifo al tratar de conducir una enorme roca
que siempre vuelve a su punto de partida.
Sísifo
se olvidaba de su roca. Yo no.
No me olvido
de mi roca porque soy consciente de que siempre padezco los mismos males.
Males a
los que no he sabido poner solución.
No les
pongo solución porque sospecho que no la tienen.
Y en
caso de no tenerla estaría condenado a pasarme toda la vida escribiendo sobre
los mismos temas.
Si
escribo sobre lo mismo será porque sigo teniendo miedo de lo mismo.
"El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Y el sufrimiento lleva al lado oscuro."
"El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Y el sufrimiento lleva al lado oscuro."
En el lado oscuro estoy enfadado.
Mucho.
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