Un joven navega por el cyberespacio en una de esas páginas de contactos para
ligar. En medio del catálogo de carne y mentiras, encuentra de repente a su ex novio, de quien no sabe nada desde hace un par de años. Su
corazón da un vuelco y la respiración se le detiene de golpe. Al pinchar sobre
su perfil, comprueba que él también esta comercializando con sus frustraciones
en pos de algo mejor. Siente esa mezcla tan característica de celos y lástima al ver que incluso tiene algún comentario de otros chicos para que todo el que quiera pueda leer, dejando nada a la imaginación ni a la magia que en ella se refugia.. Mira sus ojos a
traves de la pantalla, evitando fijarse en el resto de su cuerpo. No le interesa nada de lo que hay ahí. Finalmente, se arma de valor
y decide unirse a su club de fans como un admirador más, dejándole un modesto
mensaje.
“Qué pena que este tenga que ser el lugar de nuestro
reencuentro. Si fuésemos los protagonistas de alguna comedia romántica quizás
nos hubiésemos vuelto a ver en algún sitio más hermoso, pero ni lo nuestro ha
sido cómico ni ha sido romántico, y mucho menos va a tener un final como los de
estas películas.
Aún así me atrevo a confesarte lo duro que es saber que
otros chicos estarán ahora besando esos labios que un día supieron a nosotros,
sin que sospechen siquiera que hay un pobre individuo en este catálogo virtual
que aún sigue enganchado a tal droga. También es duro aceptar que esas manos
estarán recorriendo otros cuerpos desnudos, a pesar de que ninguno se vaya a
estremecer como el mío cada vez que sentía el calor de las yemas de tus dedos.
Y a saber la de virguerías que llegarás a hacer con esa boca donde se cobijaban
todos los sueños que yo tenía para ambos. Prefiero no imaginarlo, y dedicarme
únicamente a querer volver a ver esa luz que nacía en tus ojos, los cuales
ahora se estarán poniendo en blanco en un arrebato de bajas pasiones.
Duele saber lo fácil que lo tendrán esos hombres para
visitar ese paraíso, más aún duele saber que para ellos no serás más que un
escalón más en su escalera de hielo. Y aún más saber que no merecen adivinar el
sabor de tu piel. Pero así es como ha de ser, pues es necesario que tu cama no
se quede fría y de repente me eches de menos.
Disfruta de la facilidad que este invento te puede aportar
para encontrar el calor que te falta, pero no olvides que las únicas llamas
eternas son las del mismo infierno, donde nace ese sucedáneo de besos que nada
tuvieron que ver con los nuestros cuando eramos nosotros.”
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