Vuela
durante el alba tu ausencia
entre mi pelo enredada,
vuela como nuestro verano,
el que encendió mi mirada.
Rescato fotos y cartas,
bomba de sensaciones mezcladas.
Como si el tiempo mintiese
renace ese fuego en la playa.
Paisaje ideal, tierra lorquiana,
el que desató con su gracia,
entre sudores y lágrimas,
la intensa pasión desbocada.
Y como buen sentidor resentido,
me enganché a tus noches claras,
a esa luna fugaz que inundó
los ojos que por mí miraban.
Pero la locura se instaló,
pensión completa, en mi cama.
La alondra voló tan lejos
que no supo volver a casa.
Sin embargo mi boca de hoy,
a la que suspiros le faltan,
añora aquella tristeza
y el calor que la arropaba.
Porque jamás viviré
romance de luz tan blanca,
tan inocente y gigante.
¡Sigue sangrando en mi espalda!
Aunque tal vez tú ya ni recuerdes
el sabor de mis carcajadas,
ni el gesto de niño ingenuo
que fascinado te contemplaba.
Pues maldito reloj y sus leyes,
forzado final me ocultaban.
Las agujas con gran sigilo
marcaron la hora pactada.
Se te olvidó contarme al oído
el frío que me aguardaba.
Tuve que aprender a vivir
resignado, sin tu magia.
Y es que ese amor ya son ecos
que gritan, que nunca callan;
por eso mi rostro brilla
al brindarte estas palabras.
entre mi pelo enredada,
vuela como nuestro verano,
el que encendió mi mirada.
Rescato fotos y cartas,
bomba de sensaciones mezcladas.
Como si el tiempo mintiese
renace ese fuego en la playa.
Paisaje ideal, tierra lorquiana,
el que desató con su gracia,
entre sudores y lágrimas,
la intensa pasión desbocada.
Y como buen sentidor resentido,
me enganché a tus noches claras,
a esa luna fugaz que inundó
los ojos que por mí miraban.
Pero la locura se instaló,
pensión completa, en mi cama.
La alondra voló tan lejos
que no supo volver a casa.
Sin embargo mi boca de hoy,
a la que suspiros le faltan,
añora aquella tristeza
y el calor que la arropaba.
Porque jamás viviré
romance de luz tan blanca,
tan inocente y gigante.
¡Sigue sangrando en mi espalda!
Aunque tal vez tú ya ni recuerdes
el sabor de mis carcajadas,
ni el gesto de niño ingenuo
que fascinado te contemplaba.
Pues maldito reloj y sus leyes,
forzado final me ocultaban.
Las agujas con gran sigilo
marcaron la hora pactada.
Se te olvidó contarme al oído
el frío que me aguardaba.
Tuve que aprender a vivir
resignado, sin tu magia.
Y es que ese amor ya son ecos
que gritan, que nunca callan;
por eso mi rostro brilla
al brindarte estas palabras.
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