Me
gusta ver que seguimos rascando sobre la piedra. Que seguimos despellejándonos
para sentir la herida reabriéndose. Hallar una verdad entre todo el humo que
tragamos me resulta suficiente como para realizar la autopsia. Porque del
presentimiento aprendes a sentir, eso sí, con mucho cuidado de no terminar
resentido otra vez, que los demonios sin sombra siguen acechando y tienen ganas
de comerse los colores que dejamos en la almohada.
Retuerce
los suspiros que se te escapan. Estíralos. Pliégalos. O trágatelos. El morado
es un color que te favorece. A mí a veces se me antoja demasiado llamativo como
salir a la calle con él; por eso te lo cedo.
¿Durante
cuánto tiempo puede jugar un niño a convertir su aire en figuras de origami? Sospecho que me va a llevar toda una vida
averiguarlo.
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