Escribo porque ser escritor mola. Me gusta que la gente se refiera a mí como el escritor o el dramaturgo. Son términos que suenan bien, y con los que quizás pueda llegar a identificarme algún día.
Escribo para ser famoso en mi pueblo y, con suerte, para que me estudien en los colegios en la asignatura de Lengua y Literatura.
Escribo porque quiero estrenar en el Centro Dramático Nacional e ir a eventos glamurosos en los que el público diga “Ese, ese es el que ha escrito esto. Qué maravilla”. En realidad no me interesa el dinero, sino el reconocimiento. Necesito que el resto de los mortales tengan la certeza que puedo hacer algo bien.
Escribo porque en un futuro quiero trabajar desde mi enorme casa con vistas al mar, sin horarios ni madrugones, rodeado de amantes que me adulen y absorbido por una espiral de vivencias sin lógica ni coherencia.
Escribo porque a todo lo anterior sí que puedo permitirme aspirar.
Escribo teatro porque me hace gracia que mis paranoyas sean representadas por unos actores que nada tienen que ver conmigo.
Escribo como el naúfrago escribe mensajes en una botella, con el fin de que un día alguien me lea, se enamore locamente de mí y venga a decirme que llevaba años buscándome. ¿Por qué no?
Escribo, también, para contar todas esas historias que ni me han sucedido ni me van a suceder.
Escribo porque quiero comprender cómo han podido no enamorarse de mí cuando yo sí lo he hecho. Lo cierto es que ni escribiendo llego a entender que alguien me rechace.
Escribo porque la creación literaria es para mí una masturbación exquisita en la que no preciso contaminarme del resto de la humanidad. Durante un corto periodo de tiempo tan sólo existen mis normas. En este caso, me pregunto por qué no escribirá todo el mundo.
Escribo porque es la forma en la que termino lo que empiezo.
Escribo porque la vida me gusta poco. O, al menos, no lo suficiente.
No escribo para evadirme. Nunca.
Escribo para obligarme a reflexionar sobre lo que es verdaderamente importante, aunque pocas veces lo consiga.
Escribo porque no encuentro mi lugar en el mundo.
Escribo para descubrir por qué se ha instalado definitivamente dentro de mí esta eterna melancolía.
Escribo porque sospecho que un día mis textos serán mi única familia.
Escribo para llorar las pocas lágrimas que me trago. Las fundamentales.
Escribo para comprender y asumir esas lágrimas.
Escribo por no saber reventar.
Escribo para escribir. No sé muy bien qué quiere decir esto, pero algún sentido tiene.
Escribo. En presente, eso sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario