Vil
Ariadna,
que tejes mi espera
con las agujas
de un reloj parado.
¿A qué
sucio destino
me has
enredado?
¿Qué
sangre tan pura
tiñó tu hilera?
Aunque me calles
rugen las fieras.
Mi
grito más sordo
las ha
despertado.
“Tráelo
con él”,
por fin te han clamado.
Mas
coses y coses
y no usas tijeras.
“Paciencia”,
la cuerda en el aire reza.
“Él dormirá
otra vez en tu lecho
y por
tu boca
huirá la tristeza.”
Gran
Ariadna,
dichoso
me has hecho.
“Pues
nunca te fíes
de mi
grandeza…
¿O piensas que el hilo
termina
en su pecho?”
No hay comentarios:
Publicar un comentario