lunes, 1 de septiembre de 2014

Carta de un viejo escritor a lo que más ha querido

Necesito escribir porque es el único vehículo que me lleva al Paraíso sin la necesidad de morir. Cuando era joven lo empleaba como un medio para poder evadirme de mi triste realidad, sin embargo ahora que los frutos se han colorado mi literatura ha pasado a ser algo así como un bálsamo para el alma.

Necesito proteger mis letras, porque es lo más puro y valioso que poseo. Es mi arte. Soy un artista, la unidad de élite de la humanidad. He nacido para encender una vela en medio de esta oscura y confusa existencia. Este es mi mayor patrimonio, este saco lleno de ideas y sueños, de ilusiones y secretos.

Necesito expresarme, pues el mundo tiene derecho a sentir un poquito de calor. El aire es frío y la lluvia hiela los huesos. Mi arte tiene que ser como esos abrazos que no nos dimos, en mitad de esas noches de tormentas que no pasé a tu lado.

Y, sobre todo, necesito comunicar. Pensé que lo hacía con mi pluma, hasta que apareciste tú. Supongo que la belleza te cegó y no pudiste sumergirte en este océano brillante. Cuando yo leo a otro escritor siento que quiero abarcar toda su filosofía, su agua viva que mantiene encendida mi sed. Mi destino es leer para comprender. Pero casi nunca lo consigo.

Por eso a ti no te amé. Porque no te comprendí. Tampoco tú no me comprendiste a mí. Mientras yo admiraba la luna llena tú te entretenías jugueteando con la hierba del parque. Mientras yo contaba estrellas tú te fijabas en los viejecitos mientras paseaban. No encontraste el oro de mi corazón. Ambos perdimos la batalla.

Aún así esta historia sangra fresca en mis manos. No te olvidé. No te olvido. Y como no sé hacer otra cosa, escribo. Escribo para olvidar, no para recordar.

 ¿Quién era yo? ¿Quién eras tú? ¿Qué más da? ¿Acaso importa? Tal vez yo fui “yo”, y tú fuiste “tú”, pero nunca fuimos “nosotros”. Tú formarás tu binomio con algún infeliz que se cruce en tu camino. Yo encontraré a quien aprenda a verme y no solo a mirarme. Hasta entonces, te escribiré cada noche, aunque ninguno de los entendamos por qué lo hago. ¿De verdad es tan importante entender? Quién sabe, tal vez la respuesta te la quedaste tú. Y ni siquiera lo sepas.

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