Necesito escribir porque es el
único vehículo que me lleva al Paraíso sin la necesidad de morir. Cuando era
joven lo empleaba como un medio para poder evadirme de mi triste realidad, sin
embargo ahora que los frutos se han colorado mi literatura ha pasado a ser algo
así como un bálsamo para el alma.
Necesito proteger mis letras, porque es lo más puro y valioso que poseo. Es mi arte. Soy un artista, la unidad de élite de la humanidad. He nacido para encender una vela en medio de esta oscura y confusa existencia. Este es mi mayor patrimonio, este saco lleno de ideas y sueños, de ilusiones y secretos.
Necesito expresarme, pues el mundo
tiene derecho a sentir un poquito de calor. El aire es frío y la lluvia hiela los
huesos. Mi arte tiene que ser como esos abrazos que no nos dimos, en mitad de
esas noches de tormentas que no pasé a tu lado.
Y, sobre todo, necesito comunicar.
Pensé que lo hacía con mi pluma, hasta que apareciste tú. Supongo que la
belleza te cegó y no pudiste sumergirte en este océano brillante. Cuando yo leo
a otro escritor siento que quiero abarcar toda su filosofía, su agua viva que
mantiene encendida mi sed. Mi destino es leer para comprender. Pero casi nunca
lo consigo.
Por eso a ti no te amé. Porque no
te comprendí. Tampoco tú no me comprendiste a mí. Mientras yo admiraba la luna
llena tú te entretenías jugueteando con la hierba del parque. Mientras yo
contaba estrellas tú te fijabas en los viejecitos mientras paseaban. No
encontraste el oro de mi corazón. Ambos perdimos la batalla.
Aún así esta historia sangra
fresca en mis manos. No te olvidé. No te olvido. Y como no sé hacer otra cosa,
escribo. Escribo para olvidar, no para recordar.
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