A veces creo que el árbol no me deja ver el bosque.
Y otras creo que es el bosque el que no me deja ver el árbol. Hoy me he fijado en él. Y he observado sus ramas eternas, su corteza dura y húmeda. He aspirado su olor a resina. Incluso me he parado a ver cómo las hormigas trepan poco a poco por él, como si mereciera la pena subir hasta allá arriba. Como si mereciera la pena ver el bosque.
Ahora el viento sopla entre el resto de árboles. "Cállate, bosque, ¿no ves que de momento me apetece fijarme en este árbol?" Será igual que los demás. O no lo será. Pero déjame averiguarlo.
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