¿Por qué se rompe un corazón?
La respuesta es sencilla, que no simple. Un corazón se hizo para romperse. Está en su naturaleza, y por tanto el quebrantamiento de este órgano vital no es sino un rito de paso por el que todo ser humano transita en algún momento de su vida. Hay quien lo recuerda, y hay quien no. Esto no es necesariamente un síntoma de mala memoria; a veces se nos olvida y a veces lo olvidamos.
¿Cómo se rompe un corazón?
Existen muchas maneras, pero la más frecuente es aquella en la que dicho corazón se revienta por el impacto de un golpe seco y contundente. Por desgracia nuestra fisionomía no está preparada para estos golpes, con lo cual la asfixia es casi instantánea y la hemorragia está propulsada por el impacto. A veces el shock dura unos instantes, eso depende del corazón y del tipo de golpe; puesto que puede ser un golpe que de alguna forma se podía prever (en este caso la recuperación es más rápida) o de lo contrario puede ser uno de esos golpes que vienen un martes cualquiera a las 19:36 de la tarde mientras estás haciendo la compra para hacer magdalenas esa misma noche. En este último caso la recuperación es más lenta y dolorosa, y la mayoría de las veces deja severas secuelas.
En ambos casos el corazón se rompe en añicos. No hay otra forma. Está (mal)diseñado biológicamente para ello. Así nos pasa, que después nos tiramos un buen rato buscando cada pedacito. Rara vez los encontramos todos, y por eso no nos queda más remedio que dejar el corazón a medio completar. Cuantos más golpes se recibe, más trocitos de corazón se pierden.
¿Cúal es la mejor forma de arreglar un corazón?
Lo más saludable es tener tanto tiempo como paciencia. Si se carece de una los dos prosperar será complicado. Al revés que con los huesos, los años consiguen que cada vez los añicos de corazón suelden con más facilidad. Es aconsejable nada más haber sido diagnosticado de corazón roto expulsar lágrimas cada poco tiempo, dependiendo de la necesidad que aparezca en el paciente. No obstante se receta no abusar de ello, pues puede ser adictivo. Pero es imprescindible hacerlo. Las lágrimas que no se lloran se acumulan en el organismo, se bajan hasta el pecho y se cuelan entre los pedacitos de corazón con el fin de disolver ese “pegamento” que los une. También es conveniente refugiarse en la fisioterapia. Los abrazos de aquellas personas que vieron nuestro corazón entero y a las que no le importa tratarnos hasta su curación favorecen en un grado altísimo la recuperación del paciente. No temer a la sobredosis.
¿Cómo sé si se me ha roto el corazón?
Eso es difícil de saber. No siempre se tiene claro desde el instante de la contusión. Hay corazones que parece que se rompen y sin embargo cuando se realizael chequeo se demuestra que sólo se ha tratado de un rasguño. También hay circunstancias en las que creemos que el golpe no ha afectado en absoluto y cuando profundizamos en el análisis observamos unas microfisuras que no dejan de gotear. Este caso en concreto es extremadamente peligroso, ya que puede parecer que el paciente está sano y en realidad el dolor está siendo tan insoportable como el que más. El corazón se encuentra íntegro, sin embargo terminará por romperse antes o después, por lo que hay que tener especial precaución debido a que el mínimo golpe, el que menos te esperas, provocará unos añicos diminutos, y se correrá el peligro de que el viento se los lleve volando. Sí, el viento es el archienemigo de los que tienden a tener grietas en el corazón: cuando no se lleva sus trozos, se lleva sus palabras.
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