Mañana emprenderé
un largo viaje
hacia la
punta de tus codos.
Allá donde
nunca te has besado.
Allá
donde no puedas lamerte si te hiero.
Allá donde
el dolor no existe.
Allá.
Sólo allá,
en el único
resquicio virgen de tu cuerpo,
volveremos
a encontrarnos.
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